10.08.2016

El ascensor y la escalera

De nuevo Elsa Bonermann nos asombra con sus poesías dedicada a las cosas.

El ascensor y la escalera
Un día de primavera
el ascensor
se enamoró de una escalera
del corredor.
Entonces, desde ese día
él la miraba
mientras diez pisos subía
o los bajaba.
Ella, con traje de mármol
color marfil,
siempre duro como un árbol
del año mil.
Él presentó sus quejas
al portero:
—¡Tras la puerta de rejas
soy prisionero!
Pero aunque sea primavera
y haga calor…
¡Nadie entiende a una escalera
o a un ascensor!
Pero una noche, amable,
hablarle pudo
mientras su lengua de cable
se hacía un nudo:
—Te quiero, escalera, y vivo
sólo por ti.
¿Quieres casarte conmigo?
Por favor, di.
Con palabras que salieron
a empujones
muertos de risa dijeron
sus escalones:
—No ganas ni un centavo
por tu trabajo,
y siempre como un pavo
de arriba a abajo.
Cada cable y botones
del ascensor,
cada tuerca, a montones
sintió dolor.
Ya entonces disparando
en triste vuelo,
se dejó caer, llorando,
en el subsuelo.
Pero aunque sea primavera
y haga calor…
¡Nadie entiende a una escalera
o a un ascensor!
Elsa Isabel Bornemann
 La llave de mi casa
La llave de mi casa…
La llave
todo lo sabe.
Se pasa cada día,
–¡qué caradura!–
mirando
mirando
por la cerradura.
La llave de mi casa
¡espía!
¡Quién lo diría!
Elsa Isabel Bornemann

 Ayer nació un espejo
Ayer nació un espejo
en el armario viejo.
Su corazón
de vidrio
brillaba en la mañana
de su primer
domingo.
Voló una mariposa
a tocarle
la cara,
su piel, color reflejo,
su camisa
tan rara.
Vino desde muy lejos
a mirarlo,
traviesa.
Ayer nació el espejo
que en el armario
cupo.
No salió en ningún diario.
Sólo ella
lo supo.
Elsa Isabel Bornemann

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